ENTRENTAMIENTO
02/07/2012

Consejo

Descansar es parte del entrenamiento, pero…

Aún dándonos cuenta que estamos agotados o inclusive con algún dolor importante, aún así cuesta desacelerar y descansar.

Sabemos que parte del entrenamiento es el descanso, pero muchas veces nos cuesta incorporarlo como a un aspecto imprescindible de nuestra rutina.

Nuestros entrenadores y/o planes de entrenamientos siempre nos indican que algunas rutinas hay que hacerlas  al 60 o al 70% de nuestra capacidad, pero a pesar de eso pensamos que si los hacemos todo al 110% seremos más veloces. Aún dándonos cuenta que estamos agotados o inclusive con algún dolor importante… cuesta desacelerar y descansar.

 

 

Todo tiene ritmo.

 

Por donde miremos hay ritmo: La música, el día y la noche, las estaciones del año, la pulsaciones de nuestro corazón… en todo hay un movimiento pendular entre opuestos complementarios. Prescindir de uno de ellos sería como escuchar una canción sin silencios entre las notas… o que todas fueran altas…, simplemente no lo soportaríamos. Sería tan desacertado como pensar que estaríamos vivos si nuestro corazón sólo se contrajera (sístoles) sin jamás relajarse (diástoles).

 

Podemos pensar estos principios como modalidades de funcionamiento necesarias y complementarias: Energía femenina y masculina, Yin y Yan, velocidad y lentitud, acción y reposo, etc. Sin embargo, en nuestra sociedad se sobrevalora lo masculino, el Yan, la velocidad y la acción por sobre lo femenino, el Yin, la lentitud y el reposo.

 

Vivimos en una cultura de la “acción acelerada” sin pausa; se cree, equivocadamente, que es posible estar siempre sobre la cresta de la ola, ir a la máxima velocidad y que es malo no “ir a fondo” siempre!

 

 

¿Cuál es tu respuesta?

 

Los deportistas también estamos atravesados por estos mismos valores y creencias; por lo cual no estamos exentos de sus consecuencias… por ejemplo con frecuencia padecemos las consecuencias del sobre-entrenamiento.  

 

Te propongo que te tomes unos segundos para responderte estas preguntas:

 

a - ¿Con que asocias la palabra actividad? ¿Qué imágenes tenés de la rapidez?

 

b - ¿Con que asocias la palabra descanso? ¿Qué imágenes tenés de la lentitud?

 

Habrá quienes responderán a las preguntas “a” y “b” con asociaciones e imágenes igual de valoradas unas y otras. En tales casos, seguramente disfrutarán tanto del descanso y del ir despacio como de la actividad y del ir rápido.

 

Pero estarán también quienes responderán valorando a unas más que otras y jerarquizarán a las del grupo “a” por encima de las del grupo “b”. Es muy probable que  quienes hagan esto vivan el descanso y a todo lo lento como una evitable pérdida de tiempo. Esto puede ocurrirles no sólo con el entrenamiento, sino con cualquier otra tarea que realicen. Suele ser una actitud ante la vida  asociada más con la ansiedad que con la eficiencia.

Alguien que es movido por estas creencias, no es raro que hasta sienta culpa por estar sin hacer nada. Esto puede ocasionarles problemas para dormir, o se quedan dormidos recién cuando están tan extenuados que “caen” agotados. Pasan del estar tensos y ansiosos al estar dormidos; tienen escasa capacidad para estar despiertos y relajados.

 

 

Recuperar el ritmo perdido.

 

El primer paso, para conectar con el ritmo natural de las cosas, tiene que ver con el plano se las creencias:

Comenzá revisando y acotando el contexto en el que es útil el ir lo más rápido posible. Hay casos donde es imperioso proceder de ese modo, pero las más de las veces se lo hace fundados en una creencia y no en un de criterio de realidad objetivo.

Reconocé también aquellas otras situaciones en las que es conveniente la calma y el descanso.

 

El segundo paso esta relacionado con generar nuevas vivencias:

Buscá alguna actividad cotidiana que habitualmente hagas a las apuradas por costumbre, aunque no sea necesario apurarte. Probá hacerla de manera pausada.

Algunos ejemplos:

Al bañarte tomate el tiempo para percibir la temperatura del agua, sus sonidos, las diferentes sensaciones de cada zona de tu cuerpo… en lugar de estar pensando en lo que harás cuando salgas de la ducha.

O cuando estés comiendo podes aprovechar para  saborear cada bocado atento a percibir cada sutileza de su aroma y sabor, sin el apuro por tragarlo para seguir con el próximo bocado.

Cuando te acuestes, antes de dormirte quedate unos minutos en silencio… intentá conectarte con tu respiración… no empujes el aire… inhala suavemente… deja que salga despacio… aprovechá cada vez que sueltes el aire para soltar un poco más tus músculos (Hay muchas buenas técnicas de relajación, podes buscar e ir experimentando la más adecuada a tu forma de ser o consultar a algún profesional idóneo para que te guíe como hacerla)

Cuando corres, si te toca hacerlo al 60% de tu capacidad respeta esa indicación. Disfrutá del correr “sobrado”, de terminar el entrenamiento descansado y del sentirte con más energías al día siguiente. Te ayudará el aplicar lo que vimos en el artículo anterior: “Correr y consciencia corporal” 

 

 

Disfrutar también de la tranquilidad.

 

Ir a toda velocidad en un automóvil esta bueno, pero si queremos apreciar detalles del paisaje… tendremos que ir más despacio. Cada velocidad nos aportará beneficios y sensaciones diferentes.

No se trata de ir siempre lentos, ni del descansar más de lo necesario. Tampoco se trata de ir siempre rápido y del estar más activo de lo requerido. Es cuestión de disfrutar por igual tanto de la acción como del reposo.

Porque sabemos que funciona bien el freno del auto es que podemos acelerar tranquilos; y frenamos cada vez que lo necesitamos porque sabemos que cuando queremos podemos también acelerar. A nadie se le ocurriría hacer un debate respecto si en un automóvil es más útil el acelerador que el freno.

En la medida que aprovechemos por igual nuestras dos cualidades de energía (la del descanso y la de la acción) llegaremos más lejos.

 

Cuando se hace cotidiana la euforia de la máxima velocidad…  se va atrofiando la capacidad y el gusto por lo lento y relajado. Si sólo comés comida saborizada con fuertes condimentos, se le dificultará a tus papilas gustativas percibir todos los sabores más sutiles.  

Está en nosotros la posibilidad de recuperar esa capacidad adormecida. Podemos re descubrir el ritmo que hay en todo y aprender a movernos con él. Esto nos dará la experiencia necesaria para confiar que estamos entrenando también cuando descansamos.

 

Parafraseando una enseñanza Zen, podremos afirmar: “Cuando corro, corro. Cuando descanso, descanso”.

 

Lic. Juan Antonio Currado

Psicólogo. UBA – MN 15.548

juan_currado@hotmail.com

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